jueves, 29 de septiembre de 2011

Estamos de vuelta.

Hace mucho que no escribo aquí, lo reconozco, lo he dejado bastante olvidad y pido disculpas, vuelvo a la carga. Ha pasado mucho tiempo, un verano entero, incluso un poco más y obviamente, tengo mucho que contar, mucho de lo que vomitar, mucho que añorar, que desear y de lo que soñar. Voy a intentar hacer un popurri, no sé que puede salir de aquí así que por favor, no me lo tengáis mucho en cuenta si sale mal. (Si sale bien si).


Como decía lo tenía abandonado, algo me quitaba las ganas de escribir cuando intentaba ponerme al lío, el cuerpo me decía que le diese vacaciones a las palabras. Un descanso al mundo pero eso, es prácticamente imposible. 


Ya me he "asentado" a la rutina laboral, cada día que pasa veo más cerca mi meta, mi sueño, mi vida. Siento la necesidad de aprender más, de estudiar más, de curiosear, saber, vivir.


Soy feliz, las cosas me van muy bien en general y, sin general también. He empezado los estudios con ganas por ambas partes y el cambio de instituto me ha sentado genial.
Al igual que la felicidad, un sentimiento que siempre me ha dado miedo nombrar también crece. Con él la confianza y la dependencia (sí, duele decirlo pero es así) a la persona que está porque existen esos sentimientos o esos sentimientos existen porque está esa persona. Eso hace que mi felicidad aumente y mi felicidad aumenta porque los otros sentimientos aumentan y esos sentimientos aumentan porque la felicidad aumenta... O lo que es lo mismo: y vicebersa.

Cada día necesito más a esa personilla que vive allí, en el lejío y echo más de menos su llanto feliz y silencioso, su sonrisa desmesurada y a carcajadas, su mirada tranquilizante y necesaria... Ya queda menos. Aunque sea una lirona y le cueste el mero hecho de respirar, lo que hace que apenas podamos hablar me consuela saber que mis propósitos empezarán a cumplirse en el primer puente.


Tengo muchos propósitos este curso, muchos a partir de este curso y pienso cumplirlos.
Vivo tranquila dentro de mi mundo de estrés. Las dificultades son mayores y las afronto mejor.


El mundo cada día me da más asco y todo va a acabar muy mal pero nunca se pierde la esperanza de "después de la tormenta siempre viene la calma" sino, ¿qué nos quedaría ya?


He crecido interiormente (de altura espero que no), puedo notar el cambio de los quince a los dieciseis aunque aun me quede muchísimo por delante. Estoy contenta conmigo misma, estoy contenta con mi vida.






Creo sinceramente, que necesitaba volver a la escritura, espero que pueda ofreceros lo mejor de mi alma este curso, lo mejor de mis ojos.

Nami!

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