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jueves, 31 de marzo de 2011

¡Qué pena!

¡Qué pena si este camino fuera de muchñisimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!

¡Qué pena si esta vida tuviera
--esta vida nuestra--
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?

¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras, 
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!

¡Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

León Felipe.

Se vende cultura por dos euros. Aunque debería ser gratuita, me da lástima que nadie quiera guardarla.


Nami!

miércoles, 3 de noviembre de 2010

De verdad, que no lo sé.

Esto era un hombre que no sabía combinar. 
Llevaba sudaderas naranjas con camisetas rojas, sudaderas rojas con camisetas naranjas,
estampados con rayas, rayas con estampados,
camisas de gala con pantalones rasgados, cuellos de pico con redondos, etc. 
Las peores pintas dentro de lo medianamente normal. 
Pero, no sé, de verdad que no lo sé, si era su mirada abierta de par en par en dirección a su alma que iba a clavarse directamente a lo más profundo del corazón o, quizá, esa monda de naranja con una fila de dientes no perfectos. Esa sonrisa que salía cuando menos la esperabas pero, a la vez, sentías que llevas con ella en la memoria toda la vida y sino lo estaba, ya no saldrá.
Y no sé, de verdad que no sé, qué tiene ese hombre extravagante con su pelo despeinado de persona ajetreada, ojeras a causa de más de un día sin dormir... Puede causar este sumo interés en una niña, como aún lo soy yo.
Sentarme en primera fila y pasar años escucharle decir, cantar, narrar, recitar... Palabras. Que ni siquiera muchas son suyas, sería un sueño.
Podría estar admir-ando y vel-ando porque esa media sonrisa no desaparezca.
Y sí, es llegar a casa, quitarme el vestido y palestina, ponerme medio pijama, tirarme en la cama con pantalones, botas y todo prácticamente, a escribir sobre él, esa persona extraña que por una aun más extraña razón también, no me deja de sorprender.

Nami!

lunes, 4 de octubre de 2010

Auschwitz

(A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos)



Esos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud...
Que hablen más bajo...
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín...
¡Oh, el gran virtuoso!...
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres...
Y solo.
¡Solo!
Aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante... tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, "gran cicerone")
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue un aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa... otra cosa...
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú... no tienes imaginación,
acuerdate que en tu "Infierno"
no hay un niño siquiera...
Y ese que ves ahí...
Está solo
¡Solo! Sin cicerone...
Esperando que se abran las puertas del infierno
que tú ¡pobre florentino!
No pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa... ¿cómo te diré?
¡Mira! Este lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido, poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud...
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo!...¡Chist!...
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista...
Y he tocado en el infierno muchas veces...
Pero ahora aquí...
Rompo mi violín... 
y me callo.

León Felipe